No es país para viejos (2008)

Puntuación: 9/10 💫

Ya nos acercamos al otoño, queridos lectores, y con estos vientos más frescos, hoy os traigo un film que me ha dejado con la sangre helada. No es país para viejos es una de las películas más icónicas de los hermanos Coen, una pareja de directores que ha aportado mucho a la industria cinematográfica con un estilo muy personal y una forma de entender el cine única.

En esta película, finalmente reconocida y galardonada por la Academia, los Coen se salen un poco de su trayectoria habitual y rompen moldes para presentarnos una mezcla de thriller, cine negro y western, basada muy fielmente en la novela homónima de Cormac McCarthy.

El triángulo formado por Josh Brolin, Tommy Lee Jones y Javier Bardem nos ofrece un relato que explora, muchas veces entre líneas, temas de gran profundidad como la violencia, la naturaleza humana y la amoralidad. Precisamente, en mi humilde opinión, es aquí donde reside en su mayor medida el valor del filme: en las lecturas e interpretaciones secundarias.

La historia, en esencia, es sencilla y directa: un cazador (Josh Brolin) se encuentra, por azar, con un maletín lleno de dinero tras una reyerta entre bandas del narcotráfico. Esto hará que indeseables como Chigurh, pieza fundamental del film, vayan tras él sin piedad.

Chigurh, papel por el cual Bardem fue galardonado, representa el nihilismo, la violencia descarnada y el destino implacable. Frente a él, el personaje de Brolin nos recuerda, de manera crítica, que el materialismo y las ansias de riqueza traen únicamente infortunio. Por su parte, el sheriff Bell, interpretado por Tommy Lee Jones, funciona más como observador: un veterano frustrado que no sabe cómo actuar frente a la violencia y la delincuencia encarnadas por Chigurh. Su impotencia refleja perfectamente el título de la película: No es país para viejos.

Técnicamente, la película es impecable. La cinematografía captura con maestría el desierto y los paisajes áridos de la frontera entre Estados Unidos y México, transmitiendo sensación de soledad y tensión constante. La música y el montaje, discretos pero precisos, refuerzan la atmósfera opresiva y la ineludible sensación de peligro que acompaña a los protagonistas.

Pocos ‘peros’ podemos poner a esta obra de los Coen. El desarrollo de los personajes, un guion muy cuidado y fiel a la novela, la ambientación y la carga simbólica de la historia hacen de este film un clásico moderno. Lo único que eché en falta fue alguna de esas bromas tan características de los Coen, que siempre aportan un toque irónico a sus películas y que hubieran servido como contrapunto a la enorme carga dramática del film.

Aprovechando la ocasión, os dejo una lista de otras tres películas de los Coen que merecen mucho la pena: El gran Lebowski, Fargo y Arizona Baby, cada una con su estilo propio, pero todas con la marca inconfundible de estos directores.

Con gran valor,


Daniel Sabat




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