Flipped (Mi primer amor) (2010): Rob Reiner y la belleza de lo sencillo

Rob Reiner nos dejó desgraciadamente hace unos poquitos días, y tras él, inummerables títulos que demuestran su talento como director y creador de historias. Hoy os traigo Flipped, película que explora el amor adolescente. Lo hace a través de los personajes de Juli y Brice, vecinos en un pequeño pueblo de la América de los años sesenta. 

Lo que hace especial a Flipped es precisamente lo opuesto a lo grande y espectacular. No busquéis grandes gestos dramáticos ni confesiones de amor acompasadas con la música de una orquesta. Lo que Reiner logra aquí tiene mucho más valor: convertir lo cotidiano en memorable. La estructura narrativa es el corazón inteligente de esta película. Al alternar contantemente entre las perspectivas de ambos personajes, Reiner nos muestra algo fundamental sobre la adolescencia: cómo dos personas pueden vivir el mismo momento de formas completamente opuestas. Lo que para Juli es una declaración silenciosa de admiración, para Bryce es una invasión de su espacio. Y lo bueno es que ambos tienen razón. No se trata de uno esté entendiendo mal la situación, sino que simplemente lo ven desde lugares distintos, y precisamente esa distancia es más real y honesta que los típicos malentendidos que otras películas usan para crear artificiosamente un drama. 

Lo más inteligente de la película es que evita convertir esa asimetría en un simple juego de seducción. Cuando finalmente Juli comprende que Bryce no es lo que ella imaginaba -cuando ve más allá de esos ojos azules que tanto la cautivaron-, ocurre una cosa que pocas películas se atreven a mostrarnos: la marcha atrás del protagonista cuando este es consciente de que se ha equivocado sobre la persona que tenía al frente. 

Pero quizás lo más notable es que Flipped no termina con un beso apasionado o una escena de reconciliación orquesta. Termina con algo mucho más bello y profundo: con dos personas que han aprendido a verse, plantando un árbol juntos. Es el símbolo de algo que crecerá con el tiempo, pero que requiere paciencia y una gran atención mutua. No es un final de película, sino un comienzo de verdad. Rob Reiner entendía que a veces el cine no necesita seducir al espectador con recursos narrativo o emociones impuestas, sino que lo único que necesita es permiso para ser honesto. 

Aprovecho para recomendaros otras dos grandes películas de Reiner y que así podáis seguir disfrutando de su cine: Stand by me y Cuando Harry encontró a Sally

Con gran valor,

Daniel Sabat

    







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