Glengarry Glen Ross (1992): una adaptación magistral de la obra de Mamet


Puntuación: 9/10💫

He tenido recientemente el placer de descubrir esta joya de adaptación de una obra de teatro de David Mamet. Glengarry Glen Ross, protagonizada por un reparto coral con nombres como Jack Lemmon, Al Pacino, Kevin Spacey o Ed Harris, explora a modo de crítica el despiadado sistema capitalista. La trama muestra dos días en la vida de cuatro vendedores de bienes raíces y su creciente desesperación cuando la oficina central envía a un entrenador motivacional con la amenaza de que, salvo los dos mejores vendedores, todos serán despedidos en el plazo de una semana.

Las adaptaciones del teatro al cine son peliagudas: es preciso tener buena mano y no caer en la escenificación teatral vacía. En este caso, el resultado es un éxito rotundo; la dirección se mantiene contenida y precisa, respeta la unidad de espacio sin volverla claustrofóbica y hace que cada movimiento de cámara esté al servicio del texto. La colaboración del propio Mamet como guionista del filme permite conservar la acidez, el ritmo y la musicalidad del diálogo, de modo que lo que vemos en pantalla es una versión muy cercana, directa y verosímil de la obra original. A todo ello se suman unas interpretaciones que funcionan como auténtico eje vertebrador del relato y que vivifican el drama de forma apabullante, en especial las de Lemmon y Al Pacino. Este último deja una frase que merece la pena detenerse a comentar: “La vida es mirar hacia adelante o hacia atrás; ¿dónde está el momento?”.

Glengarry Glen Ross explora conflictos y dramas de enorme calibre. Desde cómo el capitalismo reduce a los trabajadores (vendedores) a meros engranajes de un sistema injusto, pasando por un retrato descarnado de la masculinidad competitiva, hasta cuestiones de gran calado moral y ético. Pero la película va un poco más allá de la simple denuncia: muestra cómo los personajes interiorizan la lógica del mercado hasta el punto de medir su propio valor únicamente en términos de rendimiento y éxito, y cómo esa presión constante corroe cualquier posibilidad de solidaridad. La pregunta de Pacino sobre “el momento” subraya precisamente esa alienación: atrapados entre el miedo al fracaso y la nostalgia de un pasado mejor, los personajes son incapaces de habitar el presente. Ahí es donde el filme resulta especialmente incómodo; nos obliga a preguntarnos no solo por la crueldad del sistema, sino por el modo en que nosotros mismos participamos de él, aceptando sus reglas incluso cuando nos destruyen.

Con gran valor,

Daniel Sabat

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