Descansa en paz Robert

Robert Redford: sabía lo que hacía

Robert Redford nos ha dejado. Lo ha hecho en paz, en su querido rancho de Utah, como si su vida misma hubiera seguido el guion que él tantas veces escribió en la pantalla: sereno, íntimo, conectado con la naturaleza. Desde los años sesenta fue un rostro inconfundible de Hollywood, tanto delante como detrás de las cámaras. Ídolo, director, activista, creador del Festival de Sundance, Redford encarnó durante décadas una mezcla única de elegancia y sencillez.

Hoy quiero rendirle homenaje recordando cuatro películas que, a nivel personal, me marcaron especialmente: dos como actor y dos como director. Sé que hay muchas más que merecen mención, pero estas son las que me hicieron sentir más cerca de su cine y de su mirada.


Como actor

1. Una vida por delante (2005)


Robert Redford, Morgan Freeman y Jennifer López ofrecieron una actuación memorable en este film dirigido por el sueco Lasse Hallström y basado en una novela de Romain Gary. La veteranía de Freeman y Redford, contrapuesta a la frescura de la actriz neoyorquina, dio lugar a un sólido relato que ahonda en temas como el maltrato y las heridas familiares.

Es un western contemporáneo entrañable y austero donde Redford brilla gracias a la mezcla de sabiduría y ternura que inspira su personaje. Puede que en algún momento la película peque de exceso de solemnidad, pero en su mayoría es un film que merece ser visto y donde encontramos a un Redford auténtico, haciendo de sí mismo.

2. Un paseo por el bosque (2015)



He de ser sincero: tengo diecinueve años, y el Robert Redford que yo conocí fue el Redford maduro. Brubaker o Juego de espías, aunque son grandes películas, pertenecen a una época lejana para mí. Cuando pienso en él, me viene la imagen de un hombre de rostro surcado por el tiempo y una mirada profunda, cargada de experiencia.

En Un paseo por el bosque, ya cercano a los ochenta, protagonizó junto a Nick Nolte una historia sumamente divertida. Ambos interpretan a dos amigos que deciden recorrer el Camino de los Apalaches como respuesta a la monotonía de sus vidas. Basada en el libro homónimo de Bill Bryson, la película se presentó en el Festival de Sundance, que el propio Redford fundó.

La historia funciona gracias a la química entre los actores: Nolte encarna a un anciano despreocupado y torpe, mientras que Redford representa la meticulosidad y la disciplina. Ese contraste, sumado a un guion ingenioso, permite que la película avance con fluidez y mantenga siempre su encanto.


Como director

1. El río de la vida (1992)



Es la historia de dos hermanos, interpretados por Brad Pitt y Craig Sheffer, unidos por la pesca con mosca en las tierras de Montana. Aunque sus caminos son distintos, el paisaje en el que crecieron siempre los mantiene ligados.

La metáfora de la pesca como reflejo de los giros de la vida, unida a la sensibilidad de Redford por la naturaleza y el entorno, da como resultado un film elegante, evocador y profundamente emotivo.

2. El hombre que susurraba a los caballos (1998)

Al borde del siglo XXI, Redford demostró de nuevo su solidez como director y actor. Aquí interpreta a Tom Brooker, un hombre capaz de sanar caballos con traumas, un don que atrae también a personas con heridas propias. Junto a una jovencísima Scarlett Johansson, ofrece una película serena y contemplativa, que funciona como metáfora de su lugar en el cine: un oasis de calma ante la aceleración del Hollywood de los noventa.

Tanto esta como El río de la vida reflejan el sello inconfundible de Redford como director: un estilo clásico, reposado, donde cada escena tiene peso y la evolución argumental respeta el ritmo natural de la historia. Mientras cineastas como Tarantino, los Coen o Fincher representaban la ruptura posmoderna, Redford defendía una continuidad con el clasicismo narrativo y la reflexión moral.






Estas cuatro películas son solo una muestra de la inmensidad de su legado. A ellas habría que sumar joyas imprescindibles como Brubaker (1980), Todos los hombres del presidente (1976), El golpe (1973), Cuando todo está perdido (2013), El candidato (1972) o Memorias de África (1985).

Redford fue muchas cosas: estrella, narrador clásico, amante de la naturaleza, guardián de un cine honesto y sereno. Para mí, siempre será la mirada tranquila y sabia de un hombre que parecía comprender la vida más allá de la pantalla. Un cineasta que, como sus personajes, sabía lo que hacía. 

 Con gran valor,


Daniel Sabat

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