El colapso (2019) TV Series

 Puntuación: 8/10 💫

Queridos lectores,

Hoy os traigo una serie francesa que se estrenó hace ya seis años en la plataforma Filmin y que tuvo un gran impacto. Yo la he visto por primera vez ahora y da mucho, pero mucho de lo que hablar.

Nos encontramos con una miniserie de capítulos cortos, de unos veinte minutos, que trata el tema del colapso general en la sociedad contemporánea. Cada episodio, rodado en un magnífico plano secuencia, cuenta una historia independiente tras un suceso —del que desconocemos causas y origen— que ha provocado el hundimiento de la sociedad. La serie sitúa a varios personajes en distintos escenarios y muestra el modus operandi de cada uno frente a situaciones de desesperación, donde la supervivencia es el único fin.

Los siete primeros episodios son muy notables. El realismo, las interpretaciones, la ambientación en lugares diversos y las dicotomías morales a las que se enfrentan los protagonistas merecen ser aplaudidas. Hasta el último capítulo, la serie funciona como un producto sólido que combina con maestría la tensión, la narración ágil y los dilemas éticos. Pero, a mi parecer, es en el último episodio donde reside el gran valor de la serie y donde la propuesta alcanza su núcleo: un debate televisivo en el que un pequeño grupo revolucionario intenta concienciar a la sociedad sobre nuestro estado actual de vulnerabilidad.

Las ideas que lanzan son provocadoras, pero también certeras: vivimos en un sistema que depende de cadenas de suministro frágiles, de una energía abundante que ya no está asegurada y, sobre todo, de la ilusión de que la abundancia es eterna. Sin embargo, la reacción de la audiencia, los políticos y los grupos de influencia es unánime: rechazo, burla y negación. Aquel que habla de colapso —y esto también ocurre en nuestra época— es etiquetado como extremista, charlatán o loco. Nadie quiere oír hablar de ello, y ese es el mensaje predominante a lo largo de la serie: nuestra incapacidad colectiva, fruto de la falta de humildad y sinceridad, para mirar a la fragilidad de frente.

Aquí es donde la lectura del libro El fin del mundo es solo un comienzo, de Peter Zeihan (que tras ver la serie ya lo tengo apuntado en mi lista de pendientes), se convierte en una clave de interpretación. A grandes rasgos, Zeihan sostiene que el sistema global que hemos dado por sentado desde la Segunda Guerra Mundial —y que terminó de asentarse tras la Guerra Fría, basado en el mercantilismo, la interdependencia logística entre estados y la seguridad garantizada por Estados Unidos— está entrando en su fase final. Y lo más inquietante es que este colapso no se debe principalmente al omnipresente “cambio climático” que domina el discurso mediático, sino a factores más silenciosos pero inmediatos.

Entre ellos, tres resultan esenciales: la demografía, la logística y la geopolítica. El primero es el envejecimiento poblacional y el descenso generalizado de la natalidad, que afectan directamente a las bases productivas y económicas. El segundo es la fragilidad de las cadenas de suministro globales, demasiado dependientes de rutas marítimas y de una seguridad que nadie garantiza ya. El tercero es la retirada progresiva de Estados Unidos como garante del orden internacional. De hecho, en las últimas décadas el país ha buscado distanciarse de la interdependencia logística con otros estados y explorar vías de autosuficiencia que le permitirían mantener una posición ventajosa frente a un posible colapso.

Volviendo a la serie, la coincidencia entre el episodio final de El Colapso y las teorías de Zeihan es asombrosa. El grupo revolucionario que trata de explicar que el sistema está construido sobre cimientos frágiles representa la voz incómoda y disidente de Zeihan, mientras que la respuesta del plató encarna, de manera escalofriante, la actitud de nuestras sociedades: preferimos refugiarnos en narrativas controladas por pequeñas élites que intentan tapar la realidad antes que enfrentar la posibilidad de un futuro de escasez y fragmentación.

Lo más inquietante no es el colapso en sí, sino la venda que llevamos puesta y que nos impide aceptar que pueda ocurrir. El Colapso y Zeihan nos invitan a quitarnos esa venda y a atrevernos a mirar lo que viene, aunque incomode y aunque duela. La pregunta que queda flotando es inevitable: ¿estamos dispuestos a escuchar estas voces incómodas o seguiremos tapándonos los ojos hasta que la realidad nos obligue a enfrentarlas?

Para terminar, os recomiendo dos películas que dialogan muy bien con estos temas y que también invitan a reflexionar sobre las burbujas en las que vivimos sumidos: No mires arriba y Hijos de los hombres.

Con gran valor,

Daniel Sabat



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