Los domingos (2025): Una mirada honesta y sin prejuicios sobre la vocación religiosa

Puntuación: 9/10 💫

Dice así Ana Sánchez de la Nieta en Aceprensa "Confieso que, cuando supe que Alauda Ruiz de Azúa estaba rodando una película sobre una chica que quería hacerse monja pensé que en menudo jardín se había metido".                                                                                                                                              Y precisamente la directora vasca obra una joya alrededor de este jardín. Actualmente, creo que en el cine español, Alauda es la única capaz de tocar un tema tan delicado y profundo como este con tan buen pulso y suavidad, como ya lo hizo con la serie Querer

Lo que más me ha fascinado del filme, es su capacidad para lanzar preguntas y que el espectador se sienta interpelado y tome partido en estas. No hay una voluntad de imponer una lectura o mensaje cerrado. Es el viaje de una familia que se enfrenta a la vocación religiosa de uno de sus miembros. Frente a este hecho, se producen múltiples reacciones en el seno familiar: reacciones dispares, íntimas y personales.Y lo más importante, ninguno de ellos es juzgado o menospreciado por su manera de afrontar la situación. 

No hay juicios porque la película busca entablar un diálogo: un diálogo natural y realista entre personas con concepciones distintas sobre la fe y la existencia de Dios. En este sentido, uno de los mayores logros del filme es la perspectiva desde la que aborda un tema de tanta trascendencia. Lo hace desde una mirada humana, no sobrenatural. Y es precisamente esa sobriedad y autenticidad del lenguaje humano lo que permite que quienes no comparten la fe puedan acercarse a ella, comprenderla y advertir que quienes sí la profesan no son fanáticos ni locos.                                                                                         

De este modo, la película no busca convencer, sino invitar a pensar, y eso es un verdadero regalo: despoja a la fe y a la religión de sus cargas dogmáticas y de los estigmas que suelen acompañarlas. Como creyente, confieso que cuando veo a un sacerdote o a una monja en pantalla siempre temo lo peor, pues con frecuencia son retratados como caricaturas: corruptos, abusadores o fanáticos. Al repetirse solo estas visiones reducidas y deformadas de lo religioso, el público acaba interiorizando prejuicios que poco tienen que ver con la realidad. Esta representación superficial no solo empobrece la comprensión de la fe, sino que también limita nuestra capacidad de imaginar horizontes espirituales más amplios, más allá de lo meramente físico o material.

Alauda cuenta que, a la hora de hacer la película, se basó en los testimonios de unas jóvenes. Al escucharlos, quedó profundamente conmovida —y es natural, porque ¿Qué adolescente de 17 años se ordenaría monja en pleno siglo XXI?—. Pocas, ciertamente; lo mismo ocurre con los chicos que deciden ser sacerdotes. Sin embargo, según relata Alauda, esos testimonios estaban narrados desde el amor: un amor muy grande, que las trascendía. Un amor que nada tiene que ver con las imaginaciones o malinterpretaciones de algunos, sino que las impulsa a un discernimiento vocacional y a plantearse la posibilidad de consagrar su vida a Dios. Y, por mucho que nos cueste comprender ese amor o la decisión de esas personas, tanto los no creyentes como los laicos mismos debemos hacer el esfuerzo de entenderlas.

El próximo viernes se estrena en salas, después de arrasar en San Sebastián. Sean creyentes, no creyentes, ateos, agnósticos o lo que quieran: hagan el favor de ir a verla.

Con gran valor,

Daniel Sabat







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