Frankenstein (2025): el nuevo Frankenstein de Del Toro es una innovación narrativa atrapada en un exceso visual

Puntuación: 7/10💫
Guillermo del Toro adapta, como otros muchos han hecho, la novela de Mary Shelley a la gran pantalla con estilo muy personal. La última vez que Frankenstein fue llevado a la vida lo hizo Kenneth Branagh con Robert De Niro en 1994. Del Toro afirma: "Los mejores momentos de la novela aún no se han filmado. Mi intención es alejarme de la dimensión trágica y miltoniana del monstruo, y adentrarme en su desolación."
La construcción cinematográfica es de 150 minutos separados en tres partes de forma muy novelesca: epílogo, relato de Victor y relato de Frankenstein. Ahí es donde innova Del Toro: en querer darle voz al monstruo. Rompe con los moldes narrativos que han marcado las adaptaciones de la novela y busca una visión más amplia del relato, alejándose de la perspectiva humana.

Oscar Isaac y Christoph Waltz son dos grandes actores que ayudan a Del Toro a construir un relato que sin ellos podría haber caído en superficialidad. En los personajes de Victor Frankenstein y Henrich respectivamente, son fuente de dilemas de enorme relevancia antropológica y existencial, que hacen que Frankenstein no sea un simple relato de ciencia ficción. Desde el intento del ser humano de jugar a ser Dios hasta los límites éticos del conocimiento. Precisamente eso intenta constantemente el filme: no quedarse en la superficie, sino dotar al hilo narrativo una mirada humana, profunda y poética. Del Toro consigue conjugar esta fórmula en varios momentos y elevar al espectador, pero en muchos otros no es el caso.                                                                                                                                   
Aparecen escenas forzadas, especialmente las de Victor con Elizabeth, donde los diálogos tienden a la antinaturalidad y excentricidad. Un diálogo poco natural hace que veamos a Isaac, pese a su talento, queriendo ser prepotente y arrogante, o a Waltz queriendo ser sarcástico y cínico.
La ambientación y los efectos son de gran nivel. La paleta visual diferencia tonos cálidos en el mundo de Victor de azules gélidos en el del monstruo. La cámara cambia según el narrador: fluida en Victor, fragmentada cuando el monstruo habla. Esta correspondencia entre forma y contenido es logro del filme. Pero el metraje es excesivamente largo con muchas escenas redundantes. Cuando se introduce el relato desde la visión del monstruo —lo más conseguido del filme—, llevamos dos horas y el espectador ya quiere entrever el final. La saturación no permite disfrutar los últimos minutos como a uno le gustaría.
Es curioso cómo Del Toro alterna trabajos donde el ritmo es demasiado pausado con productos como Frankenstein que bombardean visualmente. Se estrena mañana viernes en plataforma. Les invito a que ustedes mismos juzguen la nueva película del cineasta mexicano.

Con gran valor,

Daniel Sabat









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