La acusación (2025): una mirada ácida pero necesaria sobre la relación entre alumnos y profesores
Puntuación: 8/10💫
Las aulas: un tema que cada vez se trata más en el cine contemporáneo. Las motivaciones son suficientes, pero tienden hacia una vertiente negativa: el sistema educativo y sus actores están entrando en una latente decadencia. La acusación, al igual que ya lo hicieron otros filmes de enfoque naturalista como Los miserables o La caza, actúa como un espejo de la sociedad en la que vivimos. Es plasmar la realidad en la pantalla, por muy cruda o incómoda que resulte.
Julien es un profesor de secundaria en un instituto público. Joven y decidido, intenta crear un vínculo con su clase, tomando bajo su protección a algunos estudiantes, como es el caso de la tímida Leslie. Ese trato preferencial comienza a ser percibido por algunos compañeros, que empiezan a atribuirle otras intenciones al profesor. El rumor se extiende y Julien pasa a ser objeto de acusaciones y denuncias por un presunto acoso.
La acusación es una película muy bien tramada: sobria, elegante y perfectamente interpretada. François Civil aporta una humanidad a su personaje como pocos actores logran, y hace muy presentes sus dilemas y confusiones. Y, como ya saben ustedes, lo que más me gusta: introduce temas socialmente candentes que permiten un análisis profundo. Lussi-Modeste acierta al retratar conductas y patrones que se dan actualmente en los entornos educativos. Destaco dos: la pérdida de autoridad del profesorado y la escasa motivación y nivel del alumnado. La combinación de estos dos factores conduce inevitablemente al fracaso. Las aulas se convierten en entornos beligerantes, y la vocación docente se ahoga al chocar contra una realidad violenta y desalentadora.
Al igual que mencioné en la reseña de Pubertat, La acusación nos muestra cómo los adolescentes del siglo XXI crecen sumergidos en la toxicidad que desprenden las redes sociales. Las adoptan como maestras de vida, y estas adulteran su mirada sobre la realidad, que se convierte en hostilidad frente a la comodidad o refugio que ofrece la tecnología. En esa hostilidad hacia lo real se encuentran los padres, la escuela y, en este caso, Julien, que no es más que una víctima de un sistema que distorsiona la percepción de los adolescentes.
Nos encontramos ante una gran película: ácida, brutal y directa. No esconde, no manipula, simplemente te da un “manotazo” y te dice: esto está pasando de verdad.
Sobran algunas escenas subidas de tono a nivel sexual que no aportan demasiado al conjunto del relato, pero en general estamos ante una obra poderosa que debería verse en familia, padres e hijos juntos.
Con gran valor,
Daniel Sabat
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