Siempre es invierno (2025): Verdaguer brilla en una película que respira más dudas que certezas
Puntuación: 6/10💫
Miguel (David Verdaguer), arquitecto paisajista, viaja a Bélgica con su novia Marta (Amaia Salamanca) para participar en un congreso. Allí se precipita el final de su relación y, tras la ruptura, decide quedarse unos días más para intentar recomponer su vida. Desorientado y roto, conoce a Olga (Isabelle Renauld), cuya presencia lo impulsa a reconstruirse y a intuir cuál puede ser su nuevo proyecto vital.
David Trueba vuelve a colaborar con David Verdaguer después del éxito de Saben aquel, película que le valió al actor catalán un merecidísimo Goya a mejor actor protagonista. Cuando supe de este nuevo trabajo conjunto, no pude evitar preguntarme si estaría a la altura del anterior. Por desgracia, Siempre es invierno —adaptación de la novela Blitz del propio Trueba— no llega a emocionar ni a intrigar con la fuerza necesaria, pese a algunos destellos repartidos aquí y allá.
Es precisamente Verdaguer quien evita que el film caiga en un fracaso más profundo. Su naturalidad y desparpajo sostienen un relato que, por lo demás, se muestra frío y narrativamente plano. El ritmo marcado por el tono novelesco no favorece unos diálogos que, en demasiadas ocasiones, se sienten artificiosos. Aun así, los dos grandes temas de la película —la soledad y el amor— están tratados con cierta ternura. Es interesante cómo Siempre es invierno trabaja las ideas de la esperanza y del volver a empezar, integrándolas de forma positiva tanto en lo profesional como en lo personal.
Sin embargo, esa ternura se diluye constantemente. Buena parte de ello proviene de las escenas íntimas entre los personajes de Verdaguer y Renauld. Aunque Trueba reivindica la representación sexual de la mujer madura y celebra su ausencia de censura, estas secuencias parecen construidas desde la insistencia: buscan acostumbrar al espectador a algo que exige más delicadeza. La contención, aunque a veces se olvide, también puede ser poderosa. No se trata de mostrar más, sino de hacerlo con verdad, naturalidad y belleza; la belleza propia de la intimidad.
En contraste, la música es un gran acierto y logra oxigenar algunos ambientes forzados o tensos. El final, aunque atropellado, juega bien sus cartas y consigue emocionar por momentos. En definitiva, Verdaguer emerge como lo mejor de una película que, dentro del género romántico, genera más confusión que claridad.
Con gran valor,
Daniel Sabat
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