Diamantes en bruto (2019): Adam Sandler nos regala el mejor papel de su carrera
Puntuación: 9/10💫
Dentro del cine, hay películas que simplemente se limitan a contarnos una historia y otras que se proponen entre ceja y ceja hacerte sentir físicamente aquello que narra. Diamantes en bruto pertenece sin ningún tipo de duda a la segunda categoría: elevándose de su estatus de thriller, funciona como una experiencia de ansiedad sostenida, un especie de inmersión en la mente de un jugador compulsivo que ha hecho del riesgo la única forma de sostenerse vivo en el mundo.
El corazón de la película es Adam Sandler, que firma aquí probablemente la interpretación más compleja y matizada de su carrera, dejando un sello indistinguible de su inmensa capacidad actoral. Acostumbrado a verlo en personajes cómicos e inmaduros, en Howard Ratner encuentra algo muy distinto: un joyero judío del Diamond District neoyorquino, adicto al juego y mentiroso compulsivo y, sin embargo, entrañable. Lo asombroso no es solo el cambio de registro, sino la naturalidad increíble que observamos en la actuación. No hay nada forzado en sus gestos o en su verborrea incesante; Sandler no desaparece en el personaje, sino que su propia personalidad -esa energía nerviosa, ese desparpajo, esa mezcla de ser irritante y simpático- se funde con Howard de manera orgánica. Le vemos a él, reconocemos al Sandler de toda la vida, pero aquí la esencia se dirige hace un territorio de drama y oscuridad.
Pero Diamantes en bruto no es solo él; todo lo que le rodea acompaña y eleva la propuesta. La ambientación es sofocante, capturando la esencia ruidosa de una ciudad como Nueva York. Además, el argumento avanza con un ritmo trepidante que no decae en ningún momento, apoyado por un elenco de secundarios con gran carisma y presencia en la pantalla.
En el fondo, bajo la capa de thriller de apuestas, la película nos ofrece una mirada antropológica y feroz sobre el capitalismo. Es una reflexión sobre hasta qué punto el dinero, cuando se convierte en lo único que mueve nuestra existencia, nos acaba por destruir y nos deshumaniza, convirtiéndonos en salvajes. Howard ya no ve personas, sino oportunidades de ganancia. La película retrata cómo, cuando el ser humano pierde cualquier otra brújula moral o afectiva y se guía únicamente por el lucro, todo lo que le rodea se desmorona: familia, dignidad, y por último, nuestra propia individualidad.
Diamantes en bruto es, por tanto, mucho más que una película sobre deudas y apuestas. Es una tragedia sobre la autodestrucción, liderada por un magnífico Adam Sandler que ha encontrado en el caos el mejor escenario para demostrarnos lo mucho que vale. Un joya, un ópalo, que brilla por su determinación y su crudeza.
Con gran valor,
Daniel Sabat
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