Diamante en bruto (2024): La opera prima de Agathe Riedinger es un crítica de la hipersexualización y la validación digital

Puntuación: 6/10 💫

Diamante en bruto, la ópera prima de Agathe Riedinger, narra la historia de Liane, una adolescente de un pueblo pobre del sur de Francia que sueña con hacerse famosa en las redes sociales. Invierte todo su tiempo en TikTok e Instagram, transformando su cuerpo con cirugías, pestañas postizas y un maquillaje excesivo en su intento por conquistar likes y seguidores. La película retrata con crudeza cómo Liane ve su propio cuerpo como la única herramienta disponible para escapar de la pobreza y la mediocridad de su entorno.

El filme acierta al mostrar la obsesión de la juventud actual por la validación digital y la manera en que el algoritmo hipersexualiza a las chicas. Sin embargo, el abuso de la crudeza termina agotando al espectador más que conmoviéndolo. Como en una sesión de deporte, la fatiga se acumula, pero aquí es una fatiga visual. Los primeros planos invaden insistentemente el rostro y el cuerpo de Liane. La intención, imagino, es transmitir su claustrofobia, pero la repetición acaba saturando. La película adopta la estética de las redes que pretende criticar —esos planos cerrados tan propios de TikTok—, y por eso termina siendo tan agotadora como las propias plataformas.

Riedinger intenta también un paralelismo que no termina de funcionar: comparar a la influencer con la prostituta, bajo la idea de que ambas “venden su cuerpo”. Pero la comparación se tambalea porque Liane no vende actos sexuales, sino atención. Esa literalidad entorpece el resultado y deja sin resolver una pregunta esencial: ¿es Liane una víctima o alguien que elige ese camino? Mi lectura es que es, ante todo, una víctima —como tantas jóvenes que, en nuestra sociedad, solo encuentran valor social cuando ofrecen su atención o su imagen como moneda de cambio.

Quisiera detenerme un momento en los diálogos, uno de los aspectos más logrados de la película. Son simples, llenos de clichés televisivos, y precisamente por eso funcionan: muestran que estos personajes no tienen palabras propias. Solo repiten lo que ven en la pantalla. Liane es incapaz de imaginar una vida distinta porque ni siquiera tiene el lenguaje necesario para hacerlo.

Diamante en bruto es un retrato necesario, aunque agotador. Critica la superficialidad de las redes reproduciéndola; denuncia la claustrofobia imponiéndola. Es efectiva, pero pierde la distancia crítica que necesitaría para interrogarse verdaderamente a sí misma.

Con gran valor,

Daniel Sabat









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