Lo que hacemos en las sombras (2014): Taika Waititi deconstruye el género vampírico con la personalidad que tanto le caracteriza

Puntuación: 7/10💫

Viago, Deacon y Vladislv son tres vampiros que comparten piso en Nueva Zelanda. Hacen todo lo posible por adaptarse a la sociedad moderna: pagan el alquiler, se reparten las tareas domésticas e intentan que les inviten a entrar en los clubs nocturnos. Una vida normal, salvo por una pequeña diferencia: son inmortales y tienen que alimentarse de sangre humana. 

Lo que hacemos en las sombras de Taika Waititi logra deconstruir el género vampírico mediante una sorna que emerge naturalmente desde dentro, y no de imposiciones externas. El formato falso documental favorece mucho al propósito del filme: al tratar a los como sujetos dignos de documentación, la película los hace al mismo tiempo más creíbles y más ridículos. 

La dirección de Waititi, director al que admiro mucho, se caracteriza por su gran confianza en los actores y las expresiones faciales, rechazando el frenetismo y los trucos visuales que tanto caracterizan al género de la comedia. Su propia actuación como Viago ejemplifica ese trato sutil: una interpretación muy contenida que contrasta de forma irónica con la imagen de vampiro poderoso que el cine ha vendido tradicionalmente. 

Stu, el amigo humano del grupo, es impresionante: funciona como catalizador que invierte la estructura narrativa vampírica. No son seres superiores que seducen a los humanos, sino compañeros de piso excéntricos que necesitan que alguien les explique a cómo usar YouTube. Este contraste aporta un punto emocional muy interesante al humanizar criaturas que deberían ser monstruosas. 

Pero lo esencial es entender la intención: la película juega como contrapunto o respuesta correctiva a la excesiva seriedad del cine vampírico contemporáneo. No rechaza el género, sino que propone un trato mucho más fresco e inteligente. Es una invitación a ver estos seres legendarios desde otra mirada: como como compañeros de piso frustrados navegando la eternidad con encanto, y no como seres solitarios recluidos en sombríos castillos. 

Con gran valor,

Daniel Sabat






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