'Train dreams' y la espera
El personaje de Robert Grainier en Train Dreams simboliza la espera. El ser humano es un ser que vive en la 'espera'. Esta es una distinción de su naturaleza, siempre aguardar el devenir. Pero el verdadero reto que se nos presenta como seres trascendentes es en qué actitud de espera debemos permanecer.
Grainier vive en la espera paralizada. Tras la muerte de toda su familia en un trágico accidente, decide sentarse en el porche de su cabaña a esperar que mediante algún milagro o maravilla aquello que más quería le sea devuelto. Su espera no es esperanza; es negación disfrazada. No aguarda lo que vendrá, sino lo que fue. Y en eso reside su ruina: en la incapacidad de trascender el dolor hacia algo mayor.
Pero aún es peor la espera indiferente, donde anidan quienes han renunciado —no al sueño, sino a la búsqueda. Aquella que carece de valor para mirar hacia adelante, para descubrir la verdad de la vida. Precisamente es la 'espera' estereotípica de nuestra sociedad actual, que ha materializado el concepto de espera, despojando a esta de su valor trascendente. Es la espera del conformismo, del "ya está bien así".
Pero existe una tercera vía. La verdadera espera es la espera activa. Aquella que se realiza en el día a día, pero que también mantiene un ojo puesto en aquello que vendrá. Aquella que aguarda con esperanza y alegría, que no se deja frenar por las dificultades, que entiende que cada acción presente es parte de una promesa mayor. No es pasividad disfrazada de fe, sino movimiento constante hacia lo que nos trasciende.
Porque en el fondo, la verdadera espera sabe esto: que detrás de todo esto, nos espera la caricia del padre y la eterna promesa. Y esa certeza no paraliza; ilumina.
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