Marty Supreme (2026): un biopic atropellado y sin alma
Puntuación: 5/10 💫
Timothée Chalamet es un gran actor. Se involucra y habita a sus personajes como pocos intérpretes de su generación. Tras papeles mayúsculos en los últimos años —Beautiful Boy, Dune, la reciente A Complete Unknown—, regresa ahora con Marty Supreme, una ficción inspirada libremente en la vida del legendario jugador de ping-pong Marty Reisman. Pero, al contrario que en sus trabajos anteriores, el Chalamet que conocemos se difumina tras un personaje histriónico y opaco. Pese a un notable esfuerzo de interiorización y una realización cuidada, Marty Mauser carece de alma: es frío, emocionalmente desconectado y no experimenta una evolución narrativa creíble.
A ello se suma un ritmo atropellado y un metraje que no deja respirar al espectador durante los casi 150 minutos que dura el filme. Porque si Marty Supreme se detiene, se desnuda y revela lo que hay debajo: vacío, un proyecto sin necesidad real. Unos buenos gags y escenas de surrealismo cómico no bastan para justificar una película que nace sin un propósito claro. Y lo peor: hay que tener cara para intentar, en los últimos diez minutos, dar un giro dramático y existencialista a la historia. Después de vendernos durante más de dos horas a un personaje ególatra, cínico e irresponsable —de la manera más impostada posible—, Josh Safdie pretende que Mauser cambie sin mediación alguna, que de pronto se percate de su faceta personal y familiar descuidada. Un golpe de timón que no se ha ganado narrativamente y que, en lugar de redimir al personaje, subraya la fragilidad del conjunto.
Con gran valor,
Daniel Sabat
Comentarios
Publicar un comentario