Balandrau (vent salvatge; 2026): Sobria e íntima crónica de la tragedia del 2000, que pierde equilibrio por la reiteración dramática de algunas escenas.
Puntuación: 6/10💫
Y es que Balandrau respira auténtico cine de género, a medio camino entre el documental y el relato de supervivencia. Con un presupuesto modesto y un marcado enfoque local, no tiene nada que envidiar a producciones de mayor escala y temática similar como Everest o Thirteen Lives. Es precisamente ahí donde la película encuentra su mayor virtud — y también su mayor riesgo: demostrar que con recursos limitados y una puesta en escena eficaz se puede construir una historia intensa, siempre que el guion no ceda a la tentación de la acumulación emocional.
Aun así, este tipo de temáticas arrastran un hándicap evidente: la complejidad del rodaje, que acaba repercutiendo en un ritmo irregular. La alternancia entre las escenas en la montaña —las más logradas, por su tensión y atmósfera— y aquellas centradas en los servicios de emergencia y los familiares no siempre resulta equilibrada. Es precisamente en este segundo bloque donde la película muestra sus debilidades: cae en cierto énfasis reiterativo, encadenando escenas de duelo que, por ausencia de variación tonal o de un montaje que las diferencie entre sí, terminan por parecerse demasiado. De este modo, el drama humano, en lugar de ganar profundidad, se convierte progresivamente en un recurso narrativo que pierde fuerza y capacidad de impacto.
Con gran valor,
Daniel Sabat
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