Espejo Nº3 (2026): la nueva propuesta de Christian Petzold es un verdadero ingenio: un juego ambiguo de heridas familiares que crece poco a poco hasta desplegar toda su inquietud.
Puntuación 8/10💫
A medida que uno ve más cine, aprende que los juicios rápidos suelen ser engañosos. Eso es exactamente lo que me ha ocurrido con la última película de Christian Petzold: un ejercicio inesperado de humildad como espectador. Para entrar en su cine es necesario abandonar las prisas y dejar que la película respire, que avance con la calma de un riachuelo. Quien busque una historia que atrape desde el primer minuto probablemente no conectará con su propuesta. Aquí todo parece desenvolverse con cierta extrañeza —los silencios, las reacciones, los tiempos—, pero forma parte de un proceso deliberado. Poco a poco, casi sin darte cuenta, las piezas encajan, recordándonos que la comprensión rara vez es inmediata.
Al terminar la película, se percibe con mayor claridad la maestría de Petzold y el modo en que construye un recorrido emocional casi subterráneo. Espejo Nº3 es una propuesta delicada y, quizá, más audaz que sus trabajos anteriores. A partir de una premisa sencilla —una joven estudiante de música sobrevive a un accidente en el que muere su pareja y es acogida por una familia cercana—, la película se adentra progresivamente en una inquietud difícil de nombrar.
Petzold repite tras El cielo rojo, acompañado por intérpretes como Paula Beer, Matthias Brandt o Enno Trebs. La película se sitúa en un territorio ambiguo, donde el thriller y el melodrama se entrelazan para explorar heridas que no terminan de cerrarse. Ese misterio se construye a través de contraplanos luminosos y de un uso muy preciso de la música —entre ellas The Night, de Frankie Valli & The Four Seasons—, un recurso que refuerza el sentido del filme con la sutileza característica del director.
Os recomendaría dar una oportunidad al nuevo filme de Christian Petzold desde la calma. Dejad a un lado las expectativas, confiad en su ritmo y resistid la tentación de juzgar demasiado pronto; a mí, al menos, me llevó un tiempo entrar en él.
Con gran valor,
Daniel Sabat
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