La buena hija (2026): Con su ópera prima, Júlia de Paz Solas aborda la violencia intrafamiliar sin caer en el juicio fácil ni en la simplificación.


Puntuación: 8/10💫

La ópera prima de Júlia de Paz Solas es un auténtico ejercicio de funambulismo. Debutar en la dirección abordando una temática tan delicada y compleja como la que plantea La buena hija y salir airosa —e incluso reforzada— no es tarea fácil. Una familia desestructurada, un padre violento e imprevisible y una hija adolescente podrían haber derivado fácilmente en un relato simplista o caricaturesco. Sin embargo, De Paz Solas afronta el conflicto desde una mirada profundamente personal y humana, construyendo unos personajes que transmiten con gran veracidad la tensión y el desgaste propios de un entorno familiar fracturado.

La joven directora catalana ha trabajado recientemente junto a Alauda Ruiz de Azúa en la serie Querer, también muy recomendable. Entre ambas pueden apreciarse ciertas afinidades estilísticas, aunque cada una conserva una voz propia. Comparten un cine intimista, atento a los pequeños gestos y a los silencios, alejado de diálogos grandilocuentes y sostenido por una sensibilidad contenida e inteligente. Su mirada se detiene en cuestiones profundamente humanas: la familia, los vínculos afectivos, las vocaciones o los momentos de tránsito vital.

En La buena hija, esa mirada resulta especialmente abierta y libre de prejuicios. La película retrata una situación familiar compleja sin caer en juicios simplistas: una hija (Kiara Arancibia) que, pese a los estallidos de violencia y al oscuro historial de su padre (Julián Villagrán), continúa aferrándose al afecto que siente por él, mientras encuentra en la amistad un refugio frente al desgaste emocional. Precisamente estas escenas —especialmente la íntima junto a Lara Boedo— se erigen como las más genuinas de la película, al ofrecernos un respiro frente a un dramatismo que por momentos resulta reiterativo.

Probablemente pasará desapercibida para gran parte del público general español, pero La buena hija confirma a Júlia de Paz Solas como una voz a tener en cuenta dentro del panorama cinematográfico nacional, cada vez más relevante a nivel internacional gracias al auge de un cine intimista y reflexivo, alejado de discursos moralistas o ideológicos.

Con gran valor,

Daniel Sabat

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