Relatos Salvajes (2014): un catálogo de impulsos al límite, entre humor negro y nihilismo feroz


Puntuación: 8/10💫

Relatos salvajes es, probablemente, una de las joyas más destacadas que ha dado el cine argentino reciente. Más aún: resulta difícil concebirla desligada de la idiosincrasia cultural de Argentina. A través de seis episodios —cada uno más feroz que el anterior—, la película expone al ser humano en su vertiente más nihilista y brutal. La fórmula no es compleja ni artificiosa; su fuerza reside en la ejecución, y es ahí donde el filme se muestra absolutamente implacable.

Reencuentros, conflictos en la carretera, accidentes, infidelidades… Los puntos de partida son cotidianos y carecen de grandes pretensiones narrativas. Sin embargo, lo que la película explora es la deriva de los personajes cuando, empujados al límite, abandonan toda racionalidad y se entregan a sus impulsos más primarios. La estructura en crescendo juega claramente a su favor: si al inicio la maldad y lo absurdo apenas se insinúan, el desenlace culmina en el desbordamiento del episodio de la boda, donde se ha quebrado cualquier rastro de humanidad y los personajes quedan reducidos a pura pulsión y rabia.

Otro de sus grandes aciertos es el uso del humor negro. La película no se limita a incomodar, sino que también provoca la risa, generando en el espectador una tensión particularmente incómoda. Nos convierte en cómplices: nos reímos de situaciones moralmente cuestionables, lo que refuerza la idea de que todos compartimos, en cierta medida, esos impulsos irracionales, aunque rara vez los llevemos hasta sus últimas consecuencias.

A nivel formal, destaca la precisión con la que Damián Szifron maneja el ritmo, el montaje y la música, construyendo una tensión que nunca decae y que potencia cada estallido narrativo. Todo está medido con una sobriedad engañosa que termina por amplificar el caos que retrata. En definitiva, Relatos salvajes no solo sabe muy bien a qué juega, sino que ejecuta su propuesta con una contundencia difícil de igualar.

Con gran valor,

Daniel Sabat



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