El día de la revelación (2026): el oficio de Spielberg apenas alcanza a sostener un guion irregular y un discutible mesianismo alienígena


Puntuación: 6/10💫

El estreno de El día de la revelación nos viene a confirmar algo que ya se intuía en los trabajos más recientes de Spielberg (como Ready Player One): que el talento técnico del director tiene un límite si el guion no acompaña. La historia se siente dispersa desde la base. Los giros son demasiado bruscos, nos cuesta creernos algunas premisas porque el relato no se molesta en justificarlas, y la conexión entre los dos protagonistas —con esos supuestos dones alienígenas y escenas oníricas con animales— nunca termina de cuajar. Es difícil conectar emocionalmente con ellos si las reglas del juego no están claras. Emily Blunt cumple con creces, pero el guion la condena a estar en un bucle eterno de sorpresa. Verla una y otra vez con cara de asombro ante lo que le pasa acaba perdiendo el impacto dramático por pura repetición.

El plato fuerte, y quizás lo más discutible de la película, es cómo se retrata a los alienígenas. Spielberg prefiere darles un aura casi divina o teológica, algo que choca de frente si la comparamos con dos grandes referentes del género: Alien y La llegada. En estas películas —sobre todo en la de Denis Villeneuve— el misterio se queda abierto, el extraterrestre sigue siendo algo completamente ajeno, y la magia surge de rozar lo desconocido, no de endiosarlo. En El día de la revelación, en cambio, los aliens vienen a "romper todos los esquemas de lo que somos", tal y como le suelta Hugo a Colin Firth en un discurso bastante forzado y grandilocuente. La idea es respetable, claro, pero para no caer en un mesianismo vacío te hace falta una historia muchísimo más sólida.

¿Qué salva a la película del desastre total? Precisamente ese oficio y veteranía que mencionaba al principio. Spielberg sigue siendo Spielberg: hay secuencias de acción brutales y momentos con una puesta en escena tan fluida que te recuerdan por qué su nombre es historia del cine. El problema es que estos destellos quedan atrapados en una mezcla de géneros que no termina de digerirse bien. Entre los discursos solemnes y los clichés de la corporación enemiga —que solo sirve para perseguir a los protagonistas durante dos horas—, te queda la sensación de ver una película que apunta a lo más alto pero se queda a medias. No es un desastre, pero sí un trabajo menor de alguien de quien siempre esperamos, con razón, muchísimo más.

Con gran valor,

Daniel Sabat

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