Sorcerer (1977): Friedkin convierte una premisa de acción en una exploración de la vulnerabilidad humana frente al azar y la violencia del entorno


Puntuación: 8/10💫

Un terrorista, un ladrón y un estafador. Tres hombres marcados por sus crímenes que, tras ver sus vidas amenazadas, se ven obligados a huir de sus respectivos países y esconderse en uno de los rincones más olvidados del planeta: un miserable poblado latinoamericano perdido entre la selva y la explotación petrolera. Allí, unidos únicamente por la necesidad de sobrevivir, acabarán siendo reclutados para una misión suicida: transportar dos camiones cargados con nitroglicerina a lo largo de más de trescientos kilómetros de caminos embarrados, puentes ruinosos y selva indómita. Un trayecto en el que cualquier bache puede significar una explosión instantánea.

Sobre el papel, el argumento de Sorcerer parece rozar el disparate. En manos menos talentosas podría haber dado lugar a un thriller excesivo y artificioso, apoyado en la espectacularidad y los golpes de efecto. Sin embargo, William Friedkin convierte esa premisa improbable en una de las experiencias de suspense más intensas del cine de los setenta. Lo logra gracias a dos virtudes que hoy parecen cada vez más escasas: un ritmo narrativo paciente, que construye la tensión de forma gradual sin recurrir constantemente a sobresaltos o giros inesperados, y una puesta en escena de un realismo casi físico, donde el barro, la lluvia, el calor y el deterioro de los cuerpos se sienten con una intensidad palpable.

Tras haber revolucionado el cine de terror con El exorcista, Friedkin demuestra aquí una capacidad extraordinaria para transformar la acción en una experiencia existencial. Cada obstáculo del viaje funciona como una prueba moral para unos personajes que intentan escapar de su pasado, aunque descubren que la culpa viaja con ellos. El trayecto por la selva se convierte así en una especie de descenso a los infiernos donde la naturaleza, indiferente y hostil, parece reflejar el vacío moral de los protagonistas.

Con un magnífico Roy Scheider al frente del reparto, Sorcerer alcanza momentos de suspense casi insoportables, especialmente en secuencias tan memorables como el cruce del puente colgante bajo la tormenta. Pero más allá de la tensión, la película plantea una reflexión amarga sobre el destino, la responsabilidad y la imposibilidad de escapar de uno mismo. Su extraordinaria secuencia final, con Scheider bailando en un tugurio mientras el pasado se cierne sobre él, resume a la perfección la tragedia que Friedkin ha ido construyendo desde el primer minuto.

Ignorada por el público de su época y eclipsada por el fenómeno de Star Wars, Sorcerer ha terminado siendo reivindicada como una de las grandes obras del cine estadounidense de los años setenta: un thriller feroz, pesimista y profundamente humano que merece ser redescubierto.

Con gran valor,

Daniel Sabat

Comentarios

Entradas populares de este blog

Flipped (Mi primer amor) (2010): Rob Reiner y la belleza de lo sencillo

La larga marcha (2025): una distopía que tropieza en cada paso que da

¿Qué pasa con 'Los pecadores'? Exageración o merecido?